Veintiocho primaveras cuelgan de sus pestañas. Cada vez que parpadea vuelan margaritas indecisas. Ella las deja vivir en su pelo y las enseña a decir que no. Felicidades, por los años y los pétalos que has salvado. No soples otras velas que no enciendas con mi fuego. Ni pidas un deseo si no es para que nos cumpla. Siempre serás mi diente de leche favorito. Ese que cuelga de un hilo y te niegas a arrancar. Me ha devuelto la Primavera pero yo sé que en verano se me volverá a llevar. Esta vez sopla las velas hacía dentro que ya son muchos los deseos que hemos enviado lejos.