Tengo la cara llena de espinas que me tensan tanto la piel que no me dejan llorar. Mi cuerpo pesa. No me atrevo a llorar, porque es una responsabilidad ocasionar semejante catástrofe. Un tsunami. Ni la guerra civil me duele tanto como tú. Pienso en el futuro y veo a Alicia cayendo por ese agujero negro. ¿Donde está el conejo blanco para guiarme? Necesito ser náufraga de mi misma y escribirme un mensaje en una botella. Tiro el tarot en mi cabeza cada noche y se que saldrá la torre. El desastre es inevitable. Necesito una pausa que pare esta película sabiendo que yo soy la actriz principal.
Vivo con el vacío de saber que no habrá comida que me sacié, Como los fantasmas de Casper, todo lo que ingiero se cae frente a mí. Miro a mi alrededor y acúmulo basura. Estoy sobreviviendo, a veces me río. Me he acostumbrado a vivir con esta tristeza infinita, Como el que asume que siempre le faltará una pierna y se reta corriendo una maratón. Hay duelos que siempre dolerán, y yo colecciono unos cuántos como si fueran goyas en mi estantería. Pero he crecido mama, porque yo le deseo lo mejor. Te deseo lo mejor. Vivo pensando que ya ha pasado un día más de duelo con la esperanza de vida de 100 años. Nos quedan unos cuántos. Estoy en una carrera dónde la meta soy yo. A veces veo como me doy la espalda y me grito desde la otra punta. Tongo grapas en el alma pero yo sé que acabarán reciclándose y me haré una corona.