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Mostrando entradas de 2018

Cómo Frida y Chavela

No me he olvidado de contaros mí historia con Sofía, de hecho esa Mujer es mí debilidad. Una especie de gripe que baja todas mis defensas y aumenta mi temperatura. Y sí un baño de agua fría pudiera disminuirla, que sea con ella dentro porfavor. Pero no es de Sofía de quién quiero hablaros hoy. Hoy Paula toquetea mis recuerdos con dulzura. Nuestros. Míos. No sabría deciros con certeza cuánto hubo de Fantasía y de realidad en nuestra historia. ¿Pero acaso existe deferencia entre ambas? Ir a trabajar se convirtió en el mayor de mis hobbies. Mientras el resto odiaba los lunes, yo contaba las horas para recibirlos, cómo quién recibe al mes de Agosto. La complicidad nos tenía envidia. -¿Qué hora es? Me dijo aquella tarde. -Queda una hora para que pleguemos. -¿Sólo queda una hora? Que mierda... -¿Sabes porqué pasa tan rápido el tiempo? Le dije con total seguridad. -¿Porque? - Porque te estás enamorando Paulita. - Sí claro, de Luis. Dijo con ironía, haciendo referencia a uno de ...

Lola y Paula

¿Dónde nos habíamos quedado? Sofía, Paula... Paula, Sofía... Que maravilla hubiese sido una relación de tres. Hasta ahora no me lo había planteado, aunque creo que me hubiesen mandando a la mierda. Seguramente sí, ¡qué carácter joder! Con Paula trabajé durante unos meses. Decía que de niña había soñado con ser bailarina de ballet. Lo más gracioso de eso, es que prácticamente se tropezaba caminando. Que chica tan torpe y tan bonita. Debería haber inventado una nueva modalidad de ballet, una menos rígida y más libre. Creo que cuándo la conocí no era libre o no era feliz, que al fin y al cabo, viene siendo lo mismo. ¿Tú qué crees? Yo quería saber que creía ella y le pregunté. -¿Pero tú eres feliz? Le dije. -No, supongo que no. Contestó mientras se reía tímidamente. Las chicas tristes tienen un encanto especial, son cómo una ventana agrietada por dónde entran los rayos de sol más bonitos. Creo que me enamoré de su tristeza. Algo que ya me había pasado con Sara, pero de Sarita ya...

La profesora de meditación

Tengo tres tatuajes, el primero me lo hice con 16 años, cada uno tiene una historia. Me gustan las mujeres con tatuajes, son mapas llenos de rincones. Sofía llevaba uno en la pierna, una especie de elefante hindú. Jamás le pregunté porqué, ni de eso, ni de muchas otras cosas, Nisiquiera de nosotras. La conocí en un taller de meditación que impartió durante un año. En realidad ya nos habíamos conocido antes, o al menos eso sentí al mirarla por primera vez. Hicimos una breve entrevista de preinscripción y sentí que alguien agarraba mis pies porque era incapaz de irme. Cómo cuándo has quedado con alguien y tienes que salir de casa, pero de repente empieza una película que te obliga a quedarte de pie frente al televisor. Sofía era mi película favorita, esa a la que cambiarías el final un millón de veces, sólo para que no terminase. Bueno entre toda esta marea acuática, llegó Paula, que fue la gota que colmó el vaso del mojito que nunca te quita la sed. Pero de Paula ya hablaremos. ...

Inmarcesible

Sofía tenía los ojos cómo un bosque de noche, me causaban miedo e intriga a su vez. Una mirada que se metía dentro de mí alma y la sacudía. Piscis de pies a cabeza, pura agua bendita, y yo el fuego que la llevaría al infierno. Sus dientes eran comillos afilados deseosos de ser la flecha que da justo al centro de la Diana. Toda una vampiresa, con la boca de fresa, cómo diría Melendi. En cuánto a mí, aún no me he presentado, perdonar. Me llamo Lola, en honor a mí abuela Dolores, la mejor guerrera de los últimos siglos, más adelante os hablaré de ella. También hace honor a la faraona, Lola flores. Desde niña, supe que había sido Bruja en alguna de mis vidas pasadas. Seguramente me mataron en la hoguera y nací Fuego cómo venganza a la santa Inquisición. Sigo conservando algunos de esos poderes, aunque estoy en pleno descubrimiento, de eso también iremos hablando. En cuánto a Sofía, mi intuición me susurró al verla, que la sangre había sido su plato favorito en alguna de sus vi...

Que volvamos a vernos

Ya nunca podrás olvidarte de mí Esa chica de ahí,  es la linterna con la que de niña salía a buscar insectos en mis colonias escolares. No perdón, Es la luciérnaga que deslumbró a mi linterna. Creo que desde entonces la quise, Me acostumbré a vivir en la oscuridad hasta que volví a verla. Esa chica de ahí, Guarda dentro de ella la mejor banda sonora que has podido escuchar, Que es su risa. Los vasos en vitrinas porqué sabe que son tan frágiles cómo ella. Esa chica de ahí, Es la fuerza imparable Y yo el objeto inamovible, Así que me toca moverme.

Mensaje en una botella

Soy la niña que se tapa los oídos en medio de una autopista. Vivimos con tanto ruido que nos hemos quedado sordos. Cada vez que nos conectamos, desconectamos un poco más. Yo lo sé, Y tú también. Pero seguimos en este bucle que no se para, Que nos separa. Sí nos cruzamos hazme una señal de humo, Que no me deje mirar mi móvil y así pueda verte. Quería nadar dentro de tu océano y vivir en tu Isla. Contigo. Te juro que quería. Pero te has perdido, Y ni te sabes las coordenadas. Ni yo quiero encontrarlas.

Hasta luego Mari Carmen

He visto a una mujer rezarle a un Dios que desprendía menos luz que ella. Esa mujer era yo. Tú ya sabes quién ERAS. He aprendido a conjugar todos los verbos en pasado cuándo se trata de ti. Me he desecho de la piel que nos habitaba. Que sólo era piel muerta. Caminar de tú lado era nadar con manguitos, Nunca salimos de la piscina pequeña. Ahora nado libre en el océano Y doy clases de natación. Desde que nos fuimos, He crecido todos los centímetros que se habían estancado. Ya casi toco la Luna, La que un día me bajaste y hoy te devuelvo. Porque yo siempre fui el Sol.

Maléfica

Tengo frío. Cómo el día qué dejé de verme en tú mirada. Mi vecina baja la persiana a las 5:03, le sigue molestando el eco de tus gemidos. Tengo sueño. Me pregunto dónde van los sueños que no se atreven a soñar. Te he escrito 365 cartas mentales que nunca te llegan. Está más qué pasado. No.

El agujero del agujero

Nos colocó en círculo. Cómo una hoguera sin fuego. Lanzó el primer dardo envenenado. ¿Estás enamorada? ¿Qué significa estar enamorada? Le repliqué, con la furia de una madre abortiva. Dicen que sí no respondes al segundo no lo estás. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Y ella me aplaudió. Yo la observé, cómo quién observa la letra pequeña del préstamo de su vida. Acojonada. Eché la vista dos años atrás. Pero aún no habían pasado. ¿Qué es el tiempo? Tiempo al tiempo. Pero el mío no pasaba. Seguía allí, Con Alicia, el sombrerero loco y el conejo blanco. Intacto. Cómo su sonrisa.

Eclipse Lunar

El universo y sus juegos. Entré a Facebook hace un par de semanas y eso me llevó a un enlace; Los mejores momentos de la Luna de 2018. Me apunté el día 31 de Enero. De todos. Apunté ese día. Te apunté. Volverán a pasar 50 años hasta que volvamos a ver un eclipse cómo el de ayer. Casi los mismos que hacía que no te veía. Mi luna. Mi eclipse. Que te has vuelto a cruzar en mi camino. Cegándome de nuevo. Pero jamás me cubriría tras unas gafas para mirarte. Que te he visto pasar, Cómo el que pasa por al lado del ataúd que aguarda el cuerpo de quién ya no puede abrazar. O lo que queda de él. Que nos he visto pasar. Por dónde pasamos juntas tantas veces. Hoy separadas. Que tú ausencia es una enfermedad terminal con esperanza de vida. Que aquí siempre es ahora desde que te fuiste. Porque tú nunca serás ayer.